El poder del contacto

¿Cuándo fue la última vez que diste un abrazo? ¿Y un beso? Pero no de esos besos formales en los que tus mejillas apenas chocan con las otras, sino un beso de aquellos en los que tus labios se posan en alguien mientras le dedicas un segundo de tu afecto, o más.

¿Cuándo acariciaste por última vez? ¿Sonríes mirando a los ojos? ¿Escuchas cuando te hablan?

 

El contacto es muy poderoso, pues transmite una energía que se encarga de avivar aquellas zonas del cuerpo-mente-espíritu que más lo necesitan (en ambas direcciones). A veces la sola sonrisa de alguien que no conoces puede alegrarte el día, y eso es contacto.

Cuando te tocas una zona porque te duele, estás aplicando la forma más antigua de sanación que existe: la imposición de manos, el contacto físico.

Cuando tocas la mano de alguien, no puedes evitar sentir que conectas con algo muy íntimo de esa persona, y de ti.

Cuando haces un mudra o pones las manos en forma de oración puedes sentir una conexión especial contigo misma.

Cuando das un masaje hay un gran poder en tus manos, en tu atención, en la atención del otro; y no solo en su percepción del contacto, sino en las reacciones energéticas que se van dando de su piel hacia dentro, afectando a sus células, a su todo.

 

El contacto es real cuando las dos partes se permiten conectar. A veces es complicado, ya que los miedos nos afectan bastante, mucho y demasiado, y hacen que nos desconectemos rápido, que nos evadamos, que nos tensemos y que escapemos, cortando la conexión con la otra persona o dispersando la energía de manera que podamos emular que hay un “contacto cómodo”.

 

El trabajo corporal es un gran potenciador del contacto, pues le recuerda al cuerpo cómo es, cómo puede aflojarse, como aprender a ir soltando las armaduras y confiar, permitirse sentir… y de esta manera disfrutar más, también.

 

Toca a tu madre, besa a tu abuela, abraza a tu hijo, sonríe a tu vecina, acaricia a tu perro, conecta con la humanidad que hay a tu alrededor. Recupera el contacto, si es que sientes que lo has perdido, y verás cuánto bien haces a los demás, y a ti misma.

Te cielo,

Nadia

 

 

 

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